Métodos Teológicos

Una página de los/las estudiantes de la materia Métodos Teológicos, I.U. ISEDET, Buenos Aires, Argentina (2008)

Wednesday, September 06, 2006

Karl Barth II

4. (6/9) Barth (Fe, existencia teológica)
Barth, Bosquejo, pp. 25-52.
Barth, Introducción, pp. 81-120.


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11 Comments:

At 6:15 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

Karl Barth comienza su exposición con la siguiente pregunta: ¿De qué se trata la fe cristiana, el mensaje de la Iglesia, el cual constituye el motivo y el fundamento de la Dogmática? ¿ Tratará de la fe de los cristianos y de cómo creen?
Comparto la opinión de Barth al decir que la fe cristiana es el encuentro con Jesucristo y con la Palabra viviente de Dios en él.
La libertasçd es el gran don de Dios, el don del encuentro cob El. Un Dios que se acerca a su creación, que se compromete históricamente con ella. Que no la abandona, sino que envía a su Hijo para darle nueva vida.
Estoy también de acuerdo con Barth,( sin ser barthiano) con su afirmación de que es imprescindible no olvidar que la fe es un privilegio y no una obligación.
Creo que el hombre es libre y que no existe una “ predestinación divina” de escogidos previamente para la salvación.
Creo en la fe como relación con ese Dios viviente que está en Jesucristo.
Dios se quien se revela y se da a conocer a los hombres. Lo que sabemos de Dios es lo que él nos ha revelado.
El conocimiento de Dios se realiza cuando él habla, como cita Barth. Conocimiento cristiano significa vivir en la verdad de Jesús.
El fundamento y fin del cosmo entero se llama Jesucristo.
Por último coincido con Barth cuando dice: “ Fe es el misterio de Dios mostrándose; fe es la libertad de Dios y la libertad del hombre en acción.”
Pablo almeida

 
At 6:15 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

Karl Barth comienza su exposición con la siguiente pregunta: ¿De qué se trata la fe cristiana, el mensaje de la Iglesia, el cual constituye el motivo y el fundamento de la Dogmática? ¿ Tratará de la fe de los cristianos y de cómo creen?
Comparto la opinión de Barth al decir que la fe cristiana es el encuentro con Jesucristo y con la Palabra viviente de Dios en él.
La libertasçd es el gran don de Dios, el don del encuentro cob El. Un Dios que se acerca a su creación, que se compromete históricamente con ella. Que no la abandona, sino que envía a su Hijo para darle nueva vida.
Estoy también de acuerdo con Barth,( sin ser barthiano) con su afirmación de que es imprescindible no olvidar que la fe es un privilegio y no una obligación.
Creo que el hombre es libre y que no existe una “ predestinación divina” de escogidos previamente para la salvación.
Creo en la fe como relación con ese Dios viviente que está en Jesucristo.
Dios se quien se revela y se da a conocer a los hombres. Lo que sabemos de Dios es lo que él nos ha revelado.
El conocimiento de Dios se realiza cuando él habla, como cita Barth. Conocimiento cristiano significa vivir en la verdad de Jesús.
El fundamento y fin del cosmo entero se llama Jesucristo.
Por último coincido con Barth cuando dice: “ Fe es el misterio de Dios mostrándose; fe es la libertad de Dios y la libertad del hombre en acción.”
Pablo almeida

6:15 PM

 
At 11:19 AM, Blogger Métodos Teológicos said...

1) Me preguntaba cuál es el sentido de incluir una lectura sobre el tema de la fe, del creer, en una materia cono Métodos Teológicos. ¿Acaso la fe es un método? No, en realidad, la fe es la condición previa y necesaria para encarar cualquier tipo de tarea teológica. Creer es un don, el don del encuentro con Dios que regala la libertad. Creer es conocer, y ese conocimiento de Dios se realiza "cuando él se muestra a los hombres de manera que éstos no puedan desoírle o dejar de verle..." Creer es una decisión libre de manifestar públicamente la vida, es un compromiso con aquello en lo que confiamos y conocemos.

2) ¡Qué hermoso capítulo! Me pareció maravilloso el enfoque de Barth acerca de la teología evangélica que "se hace carne" en el teólogo, "se interna en él". Ya dentro de los elementos existenciales de la teología evangélica que se dispondrán concéntricamente se encuentra en primer lugar el asombro. Este asombro como sed de saber fue lo que experimenté un tiempo antes de ingresar a ISEDET. Sentía que había recibido mucho, que había tenido múltiples y enriquecedoras experiencias, pero todavía tenía sed, sed de Dios. Y, mi asombro se multiplica, no cesa. Día a día, crece ese deseo de "intentar dar una respuesta a la cuestión de la verdad, ya sea como maestro, pensador, o pequeño investigador..." Y esa tarea imprime un sello imborrable, un character indelebilis. El teólogo se convierte, entonces, en una persona conmovida, sensible a la realidad que lo rodea, a su entorno; la existencia teológica es una existencia inserta en el hic et nunc; una existencia inserta y comprometida con una comunidad; y finalmente, una existencia propia y personal. "Al conmover a la persona de aquella manera tan fuerte e íntima, le ofrece algo especial pero también le exige algo especial. Lo exhorta, lo pone de pie, lo libera, pero a la vez lo reclama, lo pone a caminar, a hacer uso de la libertad que recibió. A ese tercer elemento que hace al teólogo lo llamaremos "compromiso". Por último, se produce el acontecimiento de la fe, un acontecimiento intensísimo, preciso y certero. Este acontecimiento se produce indudablemente por la acción del Espíritu que libera al hombre. Sin embargo, este acontecimiento no se convierte en un estado permanente, ha de renovarse todos los días.
Me pareció muy interesante que Barth dedicara este capítulo al teólogo. Seguramente, es dedicarse a reflexionar sobre su propia tarea, y a la vez es una manera de solidarizarse y compartir las experiencias más profundas de la existencia con los que han recibido el mismo llamado, la misma vocación. Porque creo que en el fondo de eso se trata. No somos teólogos porque queremos, o lo elegimos, es Dios quien nos ha llamado, quien nos ha convocado, quien ha sembrado en nuestro corazón el don de su Palabra.

Carolina Artana

 
At 1:07 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

En estos capítulos de Bosquejo de DogmBarth nos interpela con la concepción de “creer”, el sentido de nuestra fe cristiana desde una mirada interior que nos hace la invitación a confiar, conocer y confesar nuestra respuesta libre al misterio de Dios.
Me resulta oportuna el calificar a la fe cristiana como el encuentro entre la humanidad y Dios a través de Jesucristo. Y me parece que ese encuentro es un don actualizado en cada lectura de la Palabra de Dios, en el mensaje transmitido y testimoniado por las personas.
El autor al relacionar también el creer con el conocimiento de Dios, pone el acento en el sentido de la vida y de sentirnos seres creados. Esto es importante a la hora de ciertos planteos que podemos hacernos en cuanto a la existencia personal y el lugar en la historia. Lo mismo que el definir a la fe cristiana como una decisión, determina una instancia personal donde la relación entre Dios y cada persona es una tarea que conlleva actuar en libertad y a la vez en obediencia. Lo cual implica elegir, confesar con confianza la fe cristiana.


En los capítulos de introducción a la Teología Evangélica, Barth hace referencia a la teología evangélica, como algo fundamental que se hace carne y hueso en la existencia de las personas que se abocan al quehacer teológico. El llamado es a vivir con asombro, transformando personas conmovidas y exhortadas a un compromiso que abarca toda la existencia.
Es válida la opinión del autor con respecto a colocar a la fe como acontecimiento primordial para ser cristiano/a y por ende para llegar a ser teólogo/a. Considerando a la fe como un encuentro con Dios que implica apertura a la acción del Espíritu, y a la renovación cotidiana.

Mariana Rosa Serrano

 
At 11:32 AM, Blogger Métodos Teológicos said...

Para Barth, la fe es como oxígeno. Necesitamos respirarla para vivir; y cuando tenemos la vida, cuando aspiramos, debemos exhalar esta vida a otros y otras. Nos da vida y también nos hace los que dan vida. La fe es un regalo divino, entonces no es dependiente de los humanos. No obstante, debemos elegir a tomarla.

En estas metáforas podemos ver algunos puntos barthianos claves. Todo es de Dios; de los humanos es solamente la respuesta a la gracia de Dios. Pero después de aceptar, hay que partir el regalo de la vida con el mundo. La teología de Barth es misiológica: Dios manda la palabra y igualmente los creyentes mandan la misma palabra hacia el mundo en sus proclamaciones y su testimonia.

Su teología es basada en la noción de la alteridad total de Dios, que desarrolló de la experiencia de la justificación por los teólogos modernos de alemana en la guerra mundial primera que quebrantó su fundación teológica. De nosotros, no podemos encontrarle; Dios es inabordable e incomprensible. Hay una separación total. En su comentario de Romanos, usa la idea de Kierkegaard: ‘Dios en el cielo y tú en la tierra’ para subrayar la distancia. Por eso, necesitamos fe, porque a nosotros mismos no podemos saber nada de Dios. Es solamente por razón de la gracia divina que existe un espacio de encuentro. Para los cristianos, este lugar o espacio es Jesús Cristo: Emmanuel, Dios con nosotros. En Jesús, la realidad de Dios es expresada en una forma concreta y accesible a los humanos. Como teóloga feminista, quiero cuestionar este rechazo del valor de la experiencia humana. No podemos encontrar Dios excepto de nuestro experiencia o la experiencia de otros y otras. Incluso Jesús, lo divino llega en el mundo por la vida humana. Por supuesto, Barth comprende la Biblia como la palabra divina, viviendo en carne en Jesús sino la Biblia es un trabajo humano, Jesús también le sabemos con humano.

La alteridad de Dios hace un desafío frente del poder y razón humano. La gracia divina es en lugar de nuestra autonomía. Como Stanley Hauerwas dice más tarde, Barth nota la resistencia de la gracia:
..no quisiéramos vivir de la gracia, pues hay algo en nosotros que se subleva contra ello enérgicamente. No quisiéramos que se nos conceda la gracia, sino, a lo más, concedérnosla nosotros a nosotros mismos. (33)
Hauerwas (ético metodista de los EEUU) sugiere el pecado fundamental de la humanidad es el deseo a ser el autor de su cuento propio, cuando en realidad, Dios es el autor. En relación de esto, Barth discute el concepto de libertad. Y lo hace en los antecedentes de la noción de libertad absoluta de los humanos que había durante nazismo. Como Lutero, Barth explica la libertad en el modo de la responsabilidad de seguir andando en el sendero de Dios (Lutero dice de la libertad cristiana como la obediencia).

Siempre para mí, Barth limite las potencias buenas de los humanos. Entiendo porque en su contexto, pero hoy creo que necesitamos llevar una relación más interdependiente entre Dios y los humanos. Por ejemplo, Nancy Cardoso y otros llaman su libro por el Consejo Mundial de las Iglesias. La gracia del mundo transforma a Dios para significar nuestro impacto a Dios en la relación de fe.

Me gusta la llamada de Barth a asombrarse en frente de Dios. La realidad de Dios es totalmente afuera de nuestro mundo. Según Barth, la palabra de Dios habla de afuera al mundo y hace un opción nueva para nosotros y nosotras. La tarea teológica es nuestra reacción a eso. Dice la conmoción de nuestra encuentra con Dios también requiere un cambio profundo. No debemos quedar en admiración sino cambiamos radicalmente a un programa nuevo. Barth nota la seguridad (y en eso, seña el pecado) de las sociedades como Suiza. En verdad, en las teologías feministas encontramos un idea diferente de pecado que es más de la inseguridad y nuestra desvaloración de nuestra misma. No creo que Barth hace espacio para eso.

Después de asombra y conmoción hay compromiso. Barth otra vez hace un relación entre la fe y el compromiso publico y privado. Todo nuestra vida es afectada. Por fin, Barth recuerda que la fe no es sin pensamiento, tampoco sin cambio. Es un tarea corriente que hace en nosotros nuevas preguntas y nuevas respuestas todo nuestra vida. Estoy de acuerdo con Barth en su desafío en frente de la idea de un teología sistemática en que podemos encerrar Dios. Creo que Barth hace un modo de trabajar muy abierto, como una espiral desarrollada.
Rachel Starr

 
At 8:22 AM, Blogger Métodos Teológicos said...

Barth Kart Introducción a la teología evangélica, p.81-120; Bosquejo de la Dogmática, p. 25-52

“La teología evangélica es en los hechos siempre una historia que se hace carne y hueso en la existencia y acción de un ser humano, del teólogo…” Con esta clara definición, Barth afirma que la existencia teológica es la existencia propia y personal del pequeño teólogo, ya que no existe solamente en el mundo y en la comunidad, sino también, en su vida privada. Esta experiencia es descrita como el asombro, la conmoción, el compromiso y la fe a partir del relato de milagro. Describe una secuencia de sucesos que produce en quien hace teología.

La participación de los creyentes en lo que Dios hace, es imprescindible cuando se quiere hacer teología, sin embargo, ¿Se puede hacer teología sin fe? Barth hace una clara oposición a quienes pretenden hacer uso de otras ciencias (como la filosofía) dentro del estudio del objeto de la teología. Yo me pregunto: ¿Barth no usa elementos de la filosofía en la exposición de su teología? Es curioso que se oponga, cuando recibe influencia de Kierkeggaard y posiblemente de Hegel.

Por otro lado la fe no es lo mismo que fideísmo, la practica sobre al base de una fe ciega sabe a sacrificium intellectus y no a fides quaerens intellectum, es más incredulidad que fe. Para Barth, sin importar el tamaño de fe, esta debe estar orientada en quien se cree. Hoy un gran numero de Iglesias tradicionales, suelen refugiarse en ese tipo de fideísmo, criticando duramente a los movimientos carismáticos (que en realidad tienen otras falencias) por predicar experiencias “espirituales individuales” y fuera de la realidad social, sin embargo lo que no se puede criticar es la perseverancia, el compromiso y asombro del objeto de la teología (Dios), que los impulsa a vivir una fe personal, quizás hasta irracional, pero dinámica y no pasiva. En el próximo libro, Barth retoma este tema.

En el bosquejo de la dogmática, Barth profundiza el concepto de fe, por medio del estudio del credo apostólico, define tres conceptos de lo que es creer; es confiar, conocer y confesar. La fe es el encuentro con Jesucristo y con la Palabra viviente de Dios en el, es una relación insustituible, la conocemos por que es una fe racional, es conocer a Dios, es Dios mostrándose al hombre, implica libertad. La fe cristiana es histórica, por que Dios es histórico en si mismo… Esta expresión, me parece interesante, porque Barth plantea que no es una fe pasiva sino dinámica, es decir puesta en la práctica, en la vida cotidiana.

La confesión de fe ha de realizarse aplicándola a la vida que todos vivimos. Esta es la afirmación que deberíamos profundizar, ya que enfrenta el mayor problema para la Iglesia cristiana de estos últimos tiempos, donde solemos escuchar a predicadores muy entusiastas, que no son críticos a la problemática social y que muchas veces desde el pulpito, condenan las acciones de otras congregaciones que se involucran en lo político o desarrollan al programa de ayuda social. Por otro lado en varias de nuestras congregaciones, se ha reemplazado la fe personal por el fideísmo, siendo pasivos miembros dominicales, que cumplen con asistir y dar la ofrenda en la Iglesia.

Dennis Rojas

 
At 8:46 AM, Blogger Métodos Teológicos said...

Texto: Barth, Kart; “Bosquejo de dogmática” pp. 25-52 e “Introducción a la Teología Evangélica” pp. 81-120


En el texto “Bosquejo de dogmática”, Barth le da carácter objetivo a la fe de las personas en Dios, puesto que es Dios mismo (en Emmanuel) quien sale a nuestro encuentro, y es él mismo (por medio del Espíritu Santo) el que pone en nosotros la Fe misma, entonces la experiencia de la fe en Dios deja de ser subjetiva, y por lo tanto cambiante de un ser humano a otro, para ser la obra de Dios en las personas y por ende un don divino. Y como tal no esta sujeto a las experiencias propias y personales, sino que es dado.

Dios no nos ha dejado solos en el mundo, ha salido a nuestro encuentro y establece con nosotros una relación que exige una respuesta. Dios nos ofrece su compañía, y nos ofrece el privilegio de la fe. No es el ser humano quién se acerca a Dios sino que es Dios mismo quien se acerca al ser humano, que es su creación.1 (Bosquejo pp.27) Al leer esta parte del texto de Barth vino a mi cabeza el Salmo 100 dónde el salmista declara: “Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”2 (Salmos 100:3 RV 1960)

Creo como Barth, que es Dios quien inicia el proceso de reracionamiento con su creación, con el ser humano, y creo que es él mismo quién por un lado nos otorga la posibilidad de la salvación en la Cruz de Cristo y por el otro nos ofrece el don de la fe, fe que cree en el resucitado y en su obra salvífica.

Coincido con Barth en que es un error separar el concepto de fe del concepto de conocimiento, puesto que la fe y el conocimiento (sea este científico, cotidiano, religiosos, etc.) van de la mano, ya que como afirma Barth “creer es conocer”3 (Bosquejo pp.36). Y de ese conocer se desprende la necesidad de confesar, aquello en lo que hemos creído.

En el texto de “Introducción a la teología evangélica”, Barth nos describe algunas de las sensaciones que debe producir el acercamiento a la experiencia religiosa, al teólogo, en este enfrentarse con el objeto de su ciencia.

Como primer punto presenta el “asombro”. Asombro que se da naturalmente ante la presencia de lo totalmente otro (de la divinidad). Asombro que descubre la obra salvífica de Dios por medio de Emmanuel.

En segunda instancia se produce una “conmoción”, que exige una respuesta, ya que el teólogo/a no puede evitar que el objeto de su ciencia lo transforme, esta respuesta se da en el “compromiso” del teólogo con su ciencia, puesto que su objeto de estudio lo modifica, no solo en su vida y pensamiento profesional, sino también en lo que se conoce como el ámbito privado, abarca toda su existencia. Finalmente se ve reafirmada en el don de la “fe”.

Mabel Lopez

 
At 12:38 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

Considero que es interesante la dimensión “pública” de la fe que nos propone Barth (Bosquejo de Dogmática p. 43). Porque va más allá de una manifestación de fe entre los cristianos y cristianas de nuestra comunidad, se dirige a todo el ámbito social en que nos movemos. “La decisión de fe” es compromiso nuestro y de la iglesia ante el mundo. Lo cual no significa callarse por hablar diferente sino buscar la manera de expresarnos como iglesia en el mundo. Esto nos lleva a pensar que como teólogos/as deberíamos de buscar un lenguaje que no complique la misión de la iglesia, sino que la haga más sencilla.
Entiendo que la iglesia y el cristiano y cristiana no deben de quedarse encerrados dentro de sí, la manifestación de su fe debe de salir de la congregación hacia la sociedad. Lo cual invita a ampliar el horizonte de la teología hacia la política, economía, y otras cuestiones que incumben al ser humano social.
“La existencia teológica no está nadando solitariamente en el océano del mundo, meciéndose en sus olas o luchando contra ellas”. (introd.. a la T. E.p. 96). Esto corrobora el punto anterior, que el teólogo y la teóloga tienen una misión que no es precisamente la sentarse con la soledad en la oficina, sino estar en contacto con el pueblo, con la comunidad.
Por último, Barth, luego de hablar de la existencia teológica en el mundo y la comunidad, habla de la dimensión personal y de cómo también la Palabra de Dios afecta esta parte de la vida humana.
Considero que Barth es muy integral con respecto al ser humano, al teólogo/a. Cuida todas sus dimensiones lo cual es algo que podríamos tener en cuenta a la hora de realizar nuestros trabajos de reflexión, no sólo pensando en una de estas dimensiones, sino como Dios se manifiesta en ellas y nos implica.

Laura Sol Lombardo

 
At 8:45 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

El Lugar de la Teología 32 – 79
En Introducción a la Teología Evangélica
Karl Barth

En esta serie de clases, Barth hace un recorrido por lo que son desde su punto de vista, y creo que acertadamente, los pilares que han de enmarcar el trabajo teológico: la Palabra de Dios, los testigos directos de esta Palabra, la comunidad receptora y proclamadora de esta misma Palabra y el Espíritu Santo. No estoy completamente seguro que esta lista sea exhaustiva, pero me parece un buen comienzo.

Uno de los problemas con que la teología se topa continuamente es en el encuentro de lo divino, que es perfecto y lo humano, que no lo es. Ya que si esa es la premisa, se tiene que hacer el mejor esfuerzo posible por describir – desde la imperfección – aquello que es perfecto. La lucha para poder legitimizar su comprensión, y por ende su descripción corren por ejes que corren por la experiencia personal a aquellos que a través de la historia ha dedicado tiempo para desarrollar un cúmulo de conceptos, donde el uso de lenguaje técnico es frecuente y tiende a la abstracción, y que por lo tanto se autodenomina ortodoxo, o normativo.

Con frecuencia tomamos partido por uno o por el otro y a pesar de que hablamos de ser inclusivos, excluimos el otro polo. Sin embargo me gustaría proponer que más que excluyentes, estas posiciones pueden verse como complementarias. Es decir, si bien la ortodoxia ha desenmarañado algunos misterios bíblicos, o ha hecho un esfuerzo por hacerlo, no podemos negar que la experiencia individual, por subjetiva que sea, carece de validez. Esto es precisamente porque para que la teología tenga validez, tiene que someterse a la prueba de la “experiencia”. Y es que el ser humano no puede, ni va a poder, desconectarse de lo que sus sentidos perciban, ni de lo que éstos hagan reaccionar en sus sentimientos.

El error, desde mi punto de vista, es que en esta posmoderna sociedad, con alta tendencia a la nueva era, los sentimientos han tomado un papel que en ocasiones va en detrimento de la ciencia. Las buenas o malas “vibras” dictan lo que uno hace o deja de hacer, y para muestra un botón, dice el viejo dicho: el zodiaco es parte de noticieros “serios” a nivel nacional. En ellos no solo nos dicen la influencia que los astros tendrán sobre nosotros, pero los colores, los aromas y los metales o piedras que deben estar cerca de uno. Sospecho que es una sobre-reacción a lo que el cientismo hizo hace unas décadas en las que pensó que la razón era la respuesta y el camino para la comprensión del hombre y la solución de sus problemas.

Creo que estos dos extremos, que se excluyen deben ser evitados. En la historia humana en la que la tendencia es que el péndulo se mueva de un extremo a otro en lo que se denomina comúnmente como dialéctica, podemos dar pasos hacia una mejor comprensión… o al menos pensar en un camino alternativo: la razón y los sentimientos no son excluyentes, son complementarios.

Para concluir esta primera parte, quiero plantear que la tarea teológica debe concebirse en su sentido amplio. De esta manera podemos concebir que la forma en que vivimos y reaccionamos a las circunstancias diarias de la vida, son un reflejo de la teología que abrazamos.

Y en todo esto, cuál es el lugar de la fe. ¿Cómo poder reconocerla entre una autosugestión, una negación “dogmática” de la realidad, un deseo “placíbico”, o algo más? La respuesta a esta pregunta no es nada fácil. Creo que la dificultad cae en dos puntos: el primero es su alto grado de subjetividad y en segundo lugar que la construcción que hemos hecho de esa palabra tan escurridiza, ha potenciado su subjetividad.

Sin embargo, creo que Barth, visto a la luz de Van Til y de Frame, ve en la fe un cambio de las presuposiciones de cada individuo. Esto no nos ayuda en el grado de subjetividad, pero cada persona es capaz de reconocer si su cosmovisión ha cambiado o no. Pero creo que esto nos da una luz bajo la cual cada uno puede, y debe analizar, especialmente si está envuelto en la tarea teológica.


Guillermo Bernáldez F.

 
At 9:35 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

Creer es Confiar 25 - 52
En Bosquejo de Dogmática
Karl Barth

Estos capítulos acerca de la fe me parecieron muy buenos y me gustaría hacer una serie de comentarios a manera de reacción a algunos puntos particulares.

Con respecto a la fe y lo racional, la lucha por la primacía entre el credo ut untelligum y el intelligo ut credum. De los cuales Barth se inclina por el primero, me parece que es más bien una discusión circular. No quiero decir con esto que sea inútil, pero nuestro conocimiento en la epistemología es fragmentado y más que nada limitado. Hay evidencia de que reaccionamos de las dos maneras pero no estoy seguro de qué depende. Cabe mencionar que este creer, no es precisamente la fe salvífica, pero tampoco estoy tan seguro que funcione de un modo muy distinto. Creo que tienen sus puntos en común, pero me parece prematuro proponer conclusiones, sin haber pensado más al respecto.

Como mencioné en el artículo anterior, me parece que el credo funciona más a nivel “presuposicional”. Esto pienso que es fundamental como punto de partida, no solo para la tarea teológica, sino para cada aspecto de la vida, ya que ésta refleja nuestra teología. Estas presuposiciones aplicadas a la teología abarcan lo más esencial de nuestra tarea: inspiración divina de las Escrituras, existencia de lo sobrenatural, continuidad de la vida después de la muerte, Dios como creador de lo que existe, Jesús como hijo de Dios encarnado, muerto, resucitado y sentado a la diestra del Padre, etc., ya sea que se acepten o se rechacen estos postulados. Es evidente que es posible expresar algo oralmente, pero no estar convencido del contenido de lo que se dice. En estos casos la honestidad personal juega un papel primordial, ya que es la única forma de ser auténtico. Es por esta razón que (como buen calvinista) creo en la predestinación, porque solo Dios es capaz de cambiar las presuposiciones de cualquier persona.

Cuando la fe es un don de Dios, que Barth además lo ve como privilegio y que argumenta que “no es por basarse en algo” sino que nace. En realidad estoy de acuerdo con esa forma de verlo, siempre y cuando sea una fe salvífica la que se tenga en mente. Mi postura apologética no se inclina al “evidencialismo”, pero tampoco creo que si hay evidencia de algo que confirme la historicidad de cualquier evento bíblico, lo mejor es que sea considerado. Esto da una fuerza sinérgica que fortalece lo que se cree.

Cuando hablamos de conocer a Dios tenemos que considerar que al menos existen dos formas de conocimiento: cuantitativo y cualitativo. El primero no es necesariamente resultado de una fe salvífica, sino de estudio de documentos relacionados al tema. El segundo tipo de conocimiento es, en cierta forma, subjetivo, pero no por eso menos valioso y verdadero. Es por eso que la vez anterior argumenté a favor de la complementariedad entre lo teórico y la experiencia.

Los riesgos que se corren con lo subjetivo son altos, especialmente cuando lo que está en juego es la vida. Pero al mismo tiempo, todo lo que envuelve un gran riesgo también ofrece grandes beneficios. El riesgo para los discípulos es perder su vida, el beneficio es encontrar la vida eterna. ¿Estoy arriesgando lo suficiente?

Guillermo Bernáldez F

 
At 12:12 PM, Blogger Métodos Teológicos said...

Karl Barth dice que la dogmática es una ciencia. Entiende por ciencia “el intento de comprender y exponer, de investigar y enseñar con respecto a un objeto y campo de acción determinados”. (Bosquejo, pág. 15). Y recuerda que como toda ciencia tiene carácter provisional y limitado.
La Iglesia Cristiana es el objeto de la dogmática y a ella se le ha encomendado el objeto y la acción a que se refiere esta dogmática, es decir la predicación del evangelio.
Karl Barth no clausura la posibilidad de hacer teología a aquellos que se encuentran fuera de la iglesia. Lo que en realidad Barth está diciendo, a mi entender, es que para hablar sobre dogmática, hay que hacerlo, por así decirlo, con “conocimiento de causa”, hay que “ser parte”, “estar y conocer”, en lugar de hablar “desde afuera” de algo que no se conoce porque nunca se ha participado de ello. Esto no significa que prohíba hacer teología a los que no pertenecen a la Iglesia sino que considera que no es posible hacer dogmática si se desconoce el objeto al que ella se refiere. Cosa que suena bastante lógica no sólo para la dogmática sino para cualquier ciencia.

“Si alguien quisiera dedicarse a la dogmática y se colocara conscientemente fuera de la Iglesia, habría de contar con que el objeto de la dogmática le sería extraño”. (Bosquejo, pág. 16). “Todo aquel que se ocupe de la dogmática, aprendiendo o enseñando, ha de situarse con responsabilidad en el terreno de la Iglesia y su obra”. (Ibíd.. pág. 17).

Por otra parte Barth, en su libro “Introducción a la Teología Evangélica”, habla de los diferentes tipos de teologías haciendo notar que aún las ideologías aparentemente “ateas” son teologías ya que transfieren la función y dignidad divina a otra cosa: naturaleza, urgencia de vivir inconsciente, razón, Nada, etc.
Pero, la teología a la que él quiere dar una introducción es a la evangélica, la cuál parte de su origen en los documentos de la historia de Israel, sale a la luz en los escritos del Nuevo Testamento y es redescubierta y retomada por la Reforma del siglo XVI.
Esta orientada al Dios que se revela en el Evangelio y se sigue revelando y que ha de ser permanente descubierto de nuevo. Sobre el cuál no tiene ni tendrá control.
La teología es palabra del hombre que responde y lo que la convierte precisamente en teología no es su propia respuesta sino la palabra a la cuál escucha y responde. La palabra de Dios es el Evangelio, esta palabra se hizo carne en Jesucristo.

“Es, pues, la tarea de la teología evangélica escucharla, entenderla y transmitirla en su forma plena, intensiva, como la palabra de la Alianza de gracia y paz: la palabra de Dios hecha carne particularmente en el Cristo de Israel, y en él, como Salvador del mundo, dirigida universalmente a todos los humanos”. (Introducción, pág. 48).

Los primeros testigos de la palabra, los testigos bíblicos han sido llamados por la Palabra misma a escucharla y encargados a confirmarla mediante los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento. Los testigos de segunda instancia, la comunidad cristiana encuentran su labor mediante la predicación, enseñanza y diálogo en la tarea pastoral. “Cada cristiano esta llamado a ser teólogo” (Ibid. pág. 63). En esta tarea han de ser guiados por el Espíritu Santo.

“El Espíritu Santo es y será siempre el poder vivificante que se apropia libremente de la comunidad y de la teología que siempre tienen necesidad de él”. (Ibíd.. pág. 78).

Mabel E. Cámara

 

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